Las últimas jornadas y eliminatorias de Liga y Copa han vuelto a colocar a los colegiados en el disparadero. El eterno debate sobre las tecnologías vuelve a surgir para que el fútbol en la medida de lo posible sea más justo. Nadie se ha puesto en el pellejo del árbitro. Ellos también son deportistas.

El problema del arbitraje no se ciñe a este o tal equipo/partido. Es mucho más profundo. En todos los encuentros de todas las categorías de todos los países ocurren errores arbitrales. Es inevitable. Cuando esos errores se producen sobre los equipos más punteros y en las competiciones más prestigiosas pasan a convertirse en escándalo. Los altavoces son más potentes. Amplios debates en los medios, artículos de opinión, portadas y declaraciones se suceden los días posteriores a cada jornada. Es la salsa del fútbol, dicen muchos. Los colegiados -el equipo arbitral al completo- están indefensos a la hora de tomar decisiones en uno o dos segundos. Ellos tienen un único plano, pudiendo estar tapados en ocasiones por algún futbolista. Muchas de las jugadas que suscitan la polémica las vemos a través de las cámaras de televisión en diferentes tomas varias veces cada una, para posteriormente exclamar el tan común "que malos son los árbitros". Al árbitro se le empieza a presionar desde días antes a la fecha del encuentro, con estadísticas y recuerdos sobre este o aquel club. La masa social absorbe toda la información y sigue a su equipo por televisión o en los estadios con el prejuicio de que en las jugadas controvertidas que se produzcan el colegiado les va a perjudicar.